Energía hidráulica

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La energía hidráulica, o energía producida por el agua en movimiento, ha sido hasta hace unos años la mayor fuente de energía renovable en España, hasta que el espectacular desarrollo de la energía eólica en nuestro país le ha superado ampliamente. Existen numerosas presas y centrales hidroeléctricas distribuidas por toda la geografía española, la mayoría de cierta antigüedad.

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Presa hidroelectrica. Foto: Denis Belevich, bajo licencia CC

Mientras que el agua es una fuente de energía renovable, la ecología de los ríos no lo es. El mayor problema con las presas hidroeléctricas es que alteran los ecosistemas acuáticos, afectando la vegetación de rivera y subacuática, los ciclos de vida de los peces y otra fauna de los ríos y sus inmediaciones. En los países industrializados, prácticamente la totalidad de los lugares propicios para la instalación de nuevas presas están ocupados, y además, los estudios de impacto ambiental cada vez son más severos y hace que sea poco factible incrementar el porcentaje de energía que se genera por esta fuente.

 ¿Cómo se genera la energía hidroeléctrica?

La mayoría de las centrales hidroeléctricas emplean presas para embalsar el agua de los ríos y poder liberarla de forma controlada. Cuando el agua escapa de la presa, mueve una turbina y genera electricidad. Existen presas que funcionan sobre todo el caudal del río, mientras que otras, desvían una parte de la corriente, aunque estos bypasses pueden tener una longitud de varios kilómetros. En proyectos menores se pueden aprovechar las aguas que fluyen de canales, construidos por el hombre, y no afectan a corrientes naturales.

En España, las cuencas del Norte y del Ebro son las que generan mayores producciones energéticas.

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«Presa de Mequinensa en el Ebro» de Gmfbdn. Bajo licencia CC

Impacto medioambiental de la energía hidráulica

Desgraciadamente la mayoría de las grandes centrales hidroeléctricas fueron construidas en épocas en las que los impactos de las presas a peces, flujo del agua, o al medio acuático en general no se tenían en cuenta. Estas presas han funcionado durante décadas sin un control medioambiental.

Las grandes presas bloquean las migraciones de los peces, impidiendo que alcancen sus lugares de desove habituales, y los embalses alteran al flujo, temperatura, propiedades químicas y depósito de sedimentos de los ríos y corrientes. Estos impactos, incluyendo la reducción de miles de kilómetros de hábitats para peces, especialmente los peces anádromos como el salmón (Salmo salar), que viven en los mares y desovan en las aguas frescas río arriba, tienen como resultado una dramática reducción de sus poblaciones. En el caso del esturión atlántico europeo (Acipenser sturio) que estaba presente en todas las cuencas de los ríos norteños, ha sido una de las causas principales que les ha llevado prácticamente a la extinción.

Las presas y embalse además ocupan terrenos de gran riqueza natural y paisajística o que podrían destinarse a aprovechamientos agrícolas y ganaderos, y en ocasiones, han inundado y sepultado bajo sus aguas poblaciones enteras provocando el éxodo de sus habitantes.

Sin embargo, también existen algunas instalaciones hidroeléctricas provocan un menor impacto ambiental.

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