Impactos medioambientales del uso de biomasa para obtención de energía

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Las plantas termoeléctricas de biomasa comparten características similares con las centrales eléctricas convencionales alimentadas con combustibles fósiles: ambas implican la combustión de materias primas para generar electricidad. Por lo tanto, también presentan inconvenientes similares en tanto a emisiones a la atmósfera y uso del agua. Por el contrario, la gran diferencia entre ambas es que las materias primas de las centrales termoeléctricas de biomasa pueden ser producidas de manera sostenible, mientras que los combustibles fósiles son no renovables.

Los recursos naturales para la producción de biomasa son muy diversos: desde cosechas específicas para su aprovechamiento energético, hasta residuos agrícolas y ganaderos, materia procedente de bosques y residuos urbanos. Dependiendo de cada uno de ellos y de los modos como se obtengan, su impacto sobre el medio ambiente variará considerablemente.

 

Uso del agua

Las plantas de biomasa requieren prácticamente la misma cantidad de agua para enfriamiento que una planta térmica a base de carbón. Aunque la cantidad final depende mucho de la tecnología de enfriamiento que utilicen. Si son plantas que se abastecen del agua de fuentes naturales de alrededor, la usan directamente y la devuelven tal cual (refrigeración de circuito abierto), su consumo es mucho mayor que aquellas que reutilizan el recurso hídrico mediante sistemas de recirculación (circuito cerrado con aerocondensador).

La mayoría de plantas termoeléctricas son de refrigeración por ciclo cerrado, ya que a pesar de que las de ciclo abierto son más económicas, presentan un mayor impacto ambiental. En cualquier caso, siempre se devuelve una cierta cantidad de agua al medio ambiente y ésta tiene una temperatura mayor que el agua que se toma en origen, afectando a la vida vegetal y animal. Al igual que las plantas térmicas convencionales, los efectos sobre el medio natural deben vigilarse y monitorizarse

Además, en algunos casos se emplea agua en el riego de los cultivos para aprovechamiento como biomasa con el fin de garantizar su producción y rentabilidad. La cantidad necesaria depende mucho de cada especie vegetal, el tipo de suelo, clima y temperatura.

En zonas donde por su climatología no son necesarios riegos de apoyo, no supone un problema. Pero en zonas dedicadas a regadío, además pueden aparecer problemas de contaminación de las aguas como resultado de la escorrentía de suelo y nutrientes. Por ello, deben aplicarse técnicas de cultivo apropiadas con el fin de minimizar estos impactos.

 

Emisiones a la atmósfera

La combustión de biomasa para producir energía puede afectar a la calidad del aire. Las emisiones a la atmósfera asociadas en las plantas termoeléctricas dependerá del tipo de materia prima, la tecnología de combustión, dispositivos de control de las emisiones que tengan instalados. Los contaminantes más abundantes son óxidos de nitrógeno, dióxido de azufre, monóxido de carbono y partículas. Sin embargo, es cierto que la combustión de la biomasa produce emisiones menores de dióxidos de azufre y mercurio que el carbón.

Los óxidos de nitrógeno son menores también que los procedentes de la combustión del carbón pero mayores que si se usa gas natural como combustible. Estos gases emitidos a la atmósfera incrementan los niveles de ozono o smog, que afecta a la salud de las personas provocando asmas, bronquitis y otras afecciones respiratorias crónicas. Además, junto al dióxido de azufre, contribuyen a la aparición de la lluvia ácida. Hoy en día, mediante la instalación de sistemas como precipitadores electrostáticos o la combustión en lecho fluidificado, contribuyen a una reducción importante de las emisiones procedentes de las plantas termoeléctricas de biomasa.

 

Uso del suelo

Cuando se crean específicamente cultivos para su aprovechamiento como biomasa se produce un impacto sobre el uso del suelo. Si la materia prima utilizada procede de restos de cultivos agrícolas o forestales, el impacto es prácticamente inexistente sobre este recurso a no ser que se obtengan de forma no adecuada, en cuyo caso podrían contribuir a la degradación de los hábitats.

El manejo de los suelos cuando se extrae biomasa debe garantizar la fertilidad del terreno y la prevención de la erosión. Cuando la biomasa se extrae de terrenos forestales, se debe garantizar la sostenibilidad de estos ecosistemas con el fin de evitar la destrucción de los hábitats y garantizar la salud y biodiversidad de los bosques.

Otro aspecto a tener en cuenta es el hecho de que muchos cultivos destinados a la obtención de biomasa para la producción eléctrica o de biocombustibles, desplazan cultivos destinados a la alimentación (humana y/o animal). Dado que la alimentación es necesaria, se deben destinar nuevos terrenos naturales para la obtención de alimentos o intensificar los cultivos existentes, lo que conlleva normalmente mayor erosión del suelo y eutrofización

Una buena solución sería aplicar las mismas técnicas de cultivo sostenible empleadas en los cultivos tradicionales, como la rotación de cultivos, control integrado de plagas y manejo adecuado del suelo. Muchos cultivos de tipo perenne para aprovechamiento energético pueden ser de hecho una buena alternativa para el agricultor que hace rotaciones o que buscan minimizar tiempos de laboreo, o estabilizar ciertos suelos que estén degradados.

 

Efecto sobre el calentamiento global

Ya hemos visto que la combustión de biomasa conlleva unas emisiones a la atmósfera: También durante su cultivo, cosecha y transporte hasta las plantas, se producen emisiones de efecto invernadero.

Hasta hace poco se consideraba que la biomasa era una energía totalmente limpia que no contribuía con emisiones a la atmósfera, ya que el carbono producido en la combustión se correspondía con el fijado en las materias primas y se consideraba que el balance neto era cero. Pero en algunos casos no es del todo cierto.

Las fuentes para biomasa más beneficiosas incluyen aquellas que no compiten por la obtención de alimentos, por ejemplo, las procedentes de los restos agrícolas, recursos forestales obtenidos de forma sostenible o residuos urbanos. Si todos estos restos orgánicos terminasen en un vertedero, terminarían produciendo metano en su descomposición, por lo que emplearlas para la obtención de energía, no contribuye con la generación de este gas de efecto invernadero.

En cambio, cuando la biomasa procede directamente de prácticas como la deforestación de bosques y selvas, o la transformación de ecosistemas silvestres en nuevas tierras de cultivo, se produce un gran impacto ambiental. Un bosque o terreno natural fija mayor cantidad de carbono que un cultivo medio. No obstante, si ese cultivo de biomasa se realiza sobre terrenos baldíos, la fijación de carbono en este último caso es favorable en la obtención de biomasa para aprovechamiento energético.

Por todo ello, estimar si un cultivo para biomasa contribuye al calentamiento global o no es complicado y debe estudiarse en cada caso.

Sin embargo, de forma general, se considera que las emisiones de CO2 a la atmósfera procedentes de la biomasa son mucho menores que las generadas a partir del gas natural, carbón o cualquier otro combustible fósil y por tanto su impacto sobre el medio ambiente puede considerarse mucho menor.

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